No sé en qué momento ni en dónde todo empezó a torcerse...

Hace tiempo me encontré con una canción de un musical que no dejé de reproducir una y otra vez por más de 3 meses. Pensé que ese pudo ser el inicio, pero después de pensarlo con detenimiento, sé que no fue así. She used to be mine es una de esas canciones que, si la escuchas con detenimiento y en el momento adecuado, hacen que rompas a llorar y te quedes hecha un ovillo por horas.

Tan solo la primera línea despierta sentimientos de melancolía y te apachurra el corazoncito: "It's not simple to say that most days I don't recognize me"; puede traducirse como "No es fácil decir que la mayor parte del tiempo no me reconozco". Yo creo que todos alguna vez hemos estado en esa posición, llega un punto en el que no sabemos porqué hacemos lo que hacemos y nos sentimos a la deriva.

¿Qué es lo que extrañan del pasado? Lo primero en lo que pienso es en el mundo que me rodeaba en ese entonces, y en realidad no ha cambiado. Las personas son las que cambiaron. Y aprendí a aceptarlo, porque yo no tengo ningún control. Los cambios que aún no logro asimilar son los que se producen en mí. Sí, hay muchos que han sido para mejor y estoy sumamente agradecida por ellos; pero hay otros que ojalá nunca hubieran sucedido.

Pienso en mi yo de antes y, a pesar de todo, las imágenes que veo me gustan mucho. Siempre he buscado la manera de ayudar a las personas, lo sigo haciendo y estoy segura de que así seguiré. Y lo sé porque si no fuera así no tendría a mi lado a personas que me aprecian tanto, que siempre se preocupan por mí y me dedican palabras de aliento incluso cuando parece que no son necesarias.

El problema aquí es que ya no estoy segura de cómo responderles, tengo la sensación de no hacer lo suficiente. Y la razón está en el pasado. Me gusta pensar que siempre he sido buena con las palabras. Es lo que más me gusta en la vida. Por eso tengo tanto miedo de haberlas perdido. Aún cuando siempre se me ha dificultado expresar mis ideas, sentimientos y emociones (como a todos), cada que mis amigos tenían un problema, eso era lo único que tenía para ofrecerles: palabras, de consuelo, motivación y reflexión. 

Y ahora, por más que trato, ya no salen. Me cuesta hablar, y ya no es porque no quiera, es que ya no sé cómo. Confío en que es una situación pasajera, de verdad quiero creer que eso es. De cualquier forma, yo seguiré tratando. Solo tengo que ser paciente. Sé que ustedes lo entienden y no se imaginan cuán agradecida estoy por eso.

Mientras tanto, he descubierto un nuevo superpoder; los abrazos. Esos nunca se agotan, y a veces "dicen más que mil palabras" (sí, igual que los ojos). Las palabras llegarán con el tiempo, siempre en el momento adecuado.

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