La Muerte.

  Esta idea llegó a mi mente en un momento muy inesperado y quise escribirla simplemente para compartirla, y, probablemente, entenderla un poco mejor.

  Mi primer acercamiento con la muerte se presentó cuando, dentro del vientre de mi mamá, el cordón umbilical, aquel hilillo que se supone debía ayudarme a vivir, se enredó en mi cuello y por poco acaba con mi vida incluso antes de que empezara.

  De un tiempo para acá me encuentro pensando en la muerte constantemente, la siento rondando en todo momento. La mayoría de las veces la veo como algo externo, lo que podría pasar sin que yo o mis decisiones interfieran, y otras tantas pienso en ella como el motor de mis movimientos.

  Siempre he pensado en el suicidio, no como algo que me gustaría hacer sino simplemente como algo que podría pasar. La única vez que lo he sentido realmente cerca se volvió una de las experiencias más traumáticas de mi vida. De por sí, sentir que no tengo el control sobre mi cuerpo me aterra bastante, cuando se trata de acciones que podrían acabar con mi existencia, mejor ni hablar.

  Puede que esta sea la razón de que vea a la muerte en todas partes y a todas horas. La siento cuando despierto y mi compañera de vida no está a mi lado. Veo su sombra cuando me llega el olor a gas y el pensamiento de una posible fuga. Me toca el hombro cuando, por un descuido, estoy a punto de meter algún cubierto al microondas. Camina junto a mí y al lado de los perritos (y otros animales) cuando cruzamos las calles, y observa desde lo alto de los puentes peatonales a aquellos que optan por no usarlos. La veo deslizarse en una carrera constante junto a los vehículos que van a toda velocidad. Y la oigo gritar al compás de las sirenas de ambulancias cuando van demasiado tarde.

  Cuando empecé a sentirla tan cerca, "moría" de miedo, pero al verla sonreír ante esa idea, tan sombría y tan burlona, apretaba los puños y le decía "hoy no, no he terminado".

  Dentro de mis primeros recuerdos se encuentra Susie, aquella mujer a la que me encantaba llamar mi abuela. Era muy mayor, y aunque tenía enfermedades, como todos, nunca fueron alarmantes. Vaya a saber cómo o porqué, ella presintó que la muerte venía a por ella, no perdió tiempo y dedicó todas las despedidas que pudo y así, sin previo aviso ni razón lógica, partió.

  No es la única historia que conozco que tiene este desenlace, son estas las que me hicieron pensar en la muerte como una vieja amiga. La imagino dando el aviso de que es hora de irse y cumpliendo las últmas voluntades de aquellos que se atreven a verla de frente y de verdad. Sin prejuicios y sin miedos. Con empatía y compasión.

  Ojalá la muerte sepa que aunque aún me da un poco de miedo, la veo. Y que a pesar de que se ha llevado a muchos a quienes quiero, no tengo reproches para hacerle porque sé que sólo está haciendo su trabajo, un trabajo que posiblemente ella no eligió. Debe ser duro llevarse a personas y animales para luego tener que quedarse alrededor a ver el sufrimiento de los que se quedan. ¿Se sentirá triste? ¿Sentirá algo acaso?

  ¿Me observara de la misma forma en que la observo yo o estará demasiado ocupada encargándose de sus asuntos como para notarme? Lo único que sé es que, cuando el momento llegue y la tenga de frente, voy a abrazarla tan fuerte como me sea posible. Mientras tanto seguiré sonriéndole a la distancia, para que se dé cuenta que sé que está aquí, que ya no le tengo tanto miedo, que no está sola y que podemos ser amigas.
                                                                                                                                   -DRT.

Comentarios

  1. Abrazar a la muerte tan fuerte es un acto de Valentía, es aceptar las etapas de una vida. por lo pronto quedate conmigo, me dejas sin palabras cada que leo algo nuevo, eres genial 👽✨

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    1. No sabes lo mucho que esto significa para mí. Muchas gracias por siempre estar dispuesta a compartir conmigo tiempo, ideas y palabras, con ojos, oídos y corazón abiertos <3

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