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Mostrando entradas de julio, 2017

Ponte en sus zapatos.

¿Cuántas veces no habremos oído esto para ayudarnos a "comprender" a otra persona? Siempre me he cuestionado la forma de actuar de las personas y es lo único que me han dado como respuesta: "ponte en sus zapatos". -¿Por qué me grita a mí? -Porque a tu mamá no puede responderle. -¿Y yo que culpa tengo? -Sólo busca una forma de desahogarse, ponte en sus zapatos. -¿Por qué es tan amargado? -Ha pasado por mucho. -Eso no le da derecho. -Se siente mal, ponte en sus zapatos. -Niños, si alguna vez tienen una pelea con alguien no se alteren y deténganse a pensar un poco, pongánse en los zapatos del otro para saber cómo se siente. Ahora que lo he vuelto a escuchar y puedo pensar un poco mejor las cosas, me doy cuenta que es una gran mentira. Yo misma lo intenté hace muchos años, literalmente me puse los zapatos de mi hermana y pasé mucho tiempo esperando a sentirme diferente, a ver todo como ella lo veía, pero nada pasó. Pensé que a lo mejor todavía no l...

Las puertas del reino de los dioses totémicos.

 Muchas veces me he encontrado en este mundo, aunque sólo en la imaginación. Vivo esperando el momento en que pueda entrar en sueños, el momento en que estas puertas se abran ante mi espíritu.  La verdad es que no soy nada espiritual ni estoy tan interesada en estos temas, pero justo este ha llamado mi atención desde siempre. Vivo pensando en qué animal sería si tuviera la oportunidad de ser uno, vivo imaginando la aparición de mi animal espiritual y ese ritual en el que nos hacemos uno mismo.   Me veo como un panda, un koala o un perezoso, teniendo una gran tranquilidad y paz interior; me veo como un ave volando en lo alto, sintiéndome libre, sabiendo que así es más fácil llegar a cualquier parte; me veo como un jaguar, ligero, veloz, fuerte, defendiendo todo y a todos los que me importan; me veo como un gato o un perro, dependientes pero fieles y especiales a su manera; me veo como un búho, por sentirme una criatura de la noche;...

Del rincón oscuro de mi mente.

Ella me estaba matando, y yo lo permitía. Siempre había creído firmemente que era mejor que un amante nos matara, que profanara cada parte de nuestro corazón que no nos habíamos permitido mostrarle a nadie. Así era con ella, cada una de sus palabras y sonrisas rompían algo dentro de mí. Creer que nada andaba mal con ella estaba mal. Después de todo, ella me dejaba rozar con las yemas de los dedos el cielo, para después arrastrarme a lo más profundo del infierno, donde todos sus demonios me iban destruyendo; era extraño cómo un dolor podía ser tan placentero. Poco a poco fui recuperando la conciencia, me encontraba tirado en un charco que no sabía si era de agua o de sangre, probablemente ambas. Me costó un poco volver a la realidad; hubiera preferido seguir en mis sueños. A unos pocos metros se encontraba ella, empapada de la cabeza hasta los pies, con la pistola en la mano y una expresión seria. -Te amo- dije en un susurro. Y no era sólo un intento des...